Meet our Bishop

The Peace of Christ Surpasses All Understanding


 November 2017 Four County Catholic

My Dear Brothers and Sisters in Christ,

As we approach the traditional season of Thanksgiving, so close to its place of origin, we find ourselves  facing persistent social justice challenges and troubling threats to personal and national security. By any measure, these are severely trying times.

In the midst of what seems to be one crisis against humanity after another, His Holiness Pope Francis has a powerful message for us -- “What a real Christian is like, is not whiny and angry, but convinced by the strength of the Resurrection that no evil is infinite, no night without end, no hate is invincible from love. Those who have Christ at their side truly no longer fear anything. A Christian is a missionary of hope.”

Pope Francis’ message is central to the times in which we live and the opportunity we share to stand up to the imposing challenges before us. To lift each other up.

For weeks now, we have been struggling with the shock and grief of the injured and the lives lost at the horrific tragedies in Las Vegas, New York City, and Sutherland Springs, Texas. At the same time, recovery efforts continue for the victims of the hurricanes and wild fires. As we work at collecting ourselves and finding ways to reach out and help others, the relentless broadcast media and social media do their best to overwhelm us with constant coverage of threats to our safety and sanity.

All the while, we are deeply concerned and actively reaching out to the millions of refugees trying to escape wars and poverty. We remain determined to advocate for social justice and to ease racial tension. We are hard at work protecting life and the dignity of all our brothers and sisters. Moved by the compassion of Christ, we are there for the hungry, the poor, the vulnerable, the lonely and the homeless.

In fufulling the Christian mission, in time, we rely on the strength of our faith and the resolve to actively live our faith. Worshipping and living our faith in freedom is the blessings for which we are grateful at this time of thanksgiving.

Scripture reminds us in Philippians 4:6-8, “Do not be anxious about anything, but in everything by prayer and petition, with thanksgiving, let your requests be made known to God. And the peace of God, which surpasses all understanding, will guard your hearts and your minds in Christ Jesus.” We give thanks for the opportunity for the freedom to worship, to serve, to help overcome and to heal.

How do we cope with the heavy burden and how do we help others survive their time in need? How do we let faith and hope lead the way? A sure way is to gather together as one in prayer, in receiving the grace of the Eucharist, in service through our support of diocesan ministries and parish initiatives. Our ministries such as Catholic Charities, Outreach to Haiti, the St. Vincent de Paul centers, Diocesan Schools among so many others help so many families in need each and every day. Your contributions and volunteer hours make these support services possible. You make a difference. You lift lives and save lives and souls. God bless you for your strength and kindness.

A further way to draw strength and radiate faith is to worship and pray together. The power of joining together at Mass on Sunday or any opportunity should never be underestimated. It comforts the soul and helps center our lives as an active community of faith.

A short story as example for you -- two weeks ago, we held a local retreat for the employees of the diocesan chancery. It was an honor for me to serve as the principal celebrant at Mass and participate in leading the prayer sessions. Our dearly departed Monsignor Brown, as Diocese Chancellor, had helped plan the day of recollection and also served as one of the concelebrants of the Mass. Both Monsignor and I were surprised and gratified at the number of attendees who came up to us afterward and shared their personal responses to how they were uplifted by joining together in recollection with colleagues they may not see often enough. One response that moved me was a ministry director who commented that one of the prayers so inspired him that he was going to begin saying that prayer each morning to start his day and take on its challenges and blessings. Even those working so closely with the Church are often moved by the prayerful and loving fellowship of uniting in prayer.

Be sure to join with your fellow parishioners on Sunday and at every opportunity. You will feel the“peace of God that surpasses all understanding.”

Sincerely yours in thanksgiving to Christ,

Bishop Michael R. Cote

~ En Español ~

La Paz de Dios Supera Todo Entendimiento

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

A medida que nos acercamos a la temporada A medida que nos acercamos a la temporada tradicional de Acción de Gracias, tan cerca a su lugar de origen, nos encontramos enfrentando un número sin precedentes de desafíos de justiciar social y amenazas preocupantes para la seguridad personal y nacional. En cualquier medida, estos son tiempos muy difíciles.

En medio de lo que parece ser una crisis tras otra contra la humanidad, Su Santidad el Papa Francisco tiene un poderoso mensaje para nosotros: “Un verdadero cristiano, no es quejumbroso o se enoja, sino que está convencido por la fuerza de la Resurrección que ningún mal es infinito, no hay noche sin fin, ningún odio vence al amor. Aquellos que tienen a Cristo a su lado ya no temen nada. Un cristiano es un misionero de la esperanza “. El mensaje del Papa Francisco es central para los tiempos en que vivimos y es la oportunidad que tenenos para hacer frente a los desafíos ante nosotros. Levantarnos mutuamente. Durante semanas, hemos estado luchando con la conmoción y el dolor de los heridos y de las vidas perdidas en el asalto horrendo a una audiencia inocente en Las Vegas y Nueva York and Texas.

Al mismo tiempo, continúan los esfuerzos de recuperación para las víctimas de varios huracanes violentos. A medida que trabajamos y encontramos formas para acercarnos y ayudar a los demás, los implacables medios de difusión y las redes sociales hacen todo lo posible para abrumarnos con una constante cobertura de amenazas a nuestra seguridad y cordura. Mientras tanto, estamos profundamente preocupados y nos estamos comunicando activamente con los millones de inmigrantes que intentan escapar de las guerras y la pobreza. Seguimos decididos a abogar por la justicia social y aliviar la tensión racial. Trabajamos arduamente para proteger la vida y la dignidad de todos nuestros hermanos y hermanas. Movidos por la compasión de Cristo, estamos allí para los que pasan hambre, los pobres, los vulnerables, los solitarios y los que no tienen un hogar. Puede parecer una montaña para escalar. Gratificante, pero empinada.

Una respuesta a tiempo, a la misión, es confiar en la fuerza de nuestra fe y la determinación de hacer el bien y vivir activamente nuestra fe. Rendir culto a Dios y vivir nuestra fe en libertad son bendiciones por las cuales estamos agradecidos en este momento de Acción de Gracias.

La Escritura nos recuerda en Filipenses 4: 6-8: “No se inquieten por nada, sino que en cualquier circunstancia recurran a la oración y a la súplica, junto a la acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús “. Damos gracias por la oportunidad para la libertad de adorar, servir, ayudar a superar y sanar.

¿Cómo lidiamos con la carga pesada y cómo ayudamos a otros a sobrevivir el tiempo de necesidad? ¿Cómo dejamos que la fe y la esperanza guíen el camino? Una manera segura es unirons en oración, en recibir la gracia de la Eucaristía, en el servicio a través de nuestro apoyo y en la participación en los ministerios diocesanos activos y las iniciativas parroquiales. Nuestros ministerios tales como Caridades Católicas, Alcance a Haiti, los centros de San Vicente de Paul, las Escuelas Diocesanas entre muchos otros ayudan todos los días a tantas familias necesitadas. Sus contribuciones y horas de voluntariado hacen que estos servicios de apoyo sean posibles. Usted hace la diferencia. Levanta y salva vidas y almas. Dios le bendiga por su fuerza y bondad.

Una forma más de sacar fuerzas e irradiar la fe es adorar y orar juntos. Nunca debe subestimarse el poder de unirse en la misa del domingo o durante la semana. Consuela al alma y ayuda a centrar nuestras vidas como una comunidad de fe activa. Una historia corta para usted como ejemplo: hace dos semanas, celebramos un retiro local para los empleados de la cancillería diocesana.

Afortunadamente, fui el celebrante principal en la Misa y participé en dirigir las sesiones de oración. El fallecido Monseñor Brown el Canciller de la Diócesis, había ayudado a planificar el día de retiro y también se desempeñó como uno de los concelebrantes de la Misa. Tanto Monseñor como yo estábamos sorprendidos y satisfechos por el número de asistentes que se acercaron a nosotros después y compartieron sus respuestas personales de cómo se sintieron animados al unirse en un retiro con colegas que tal vez no ven con suficiente frecuencia. Una respuesta que me conmovió fue la de un director de ministerio quien comentó que una de las oraciones lo conmovió tanto que iba a comenzar a decir esa oración cada mañana para comenzar su día y asumir sus desafíos y bendiciones. Incluso quienes trabajan tan estrechamente con la Iglesia a menudo se conmueven con la fraternidad amorosa al unirse en la oración.

Asegúrese de unirse a otros feligreses el domingo y también en cada oportunidad. Sentirá la “paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento”.

Atentamente, en acción de gracias a Cristo,